Imagen vía Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa
Uno de los géneros más populares en México es la Tambora Sinaloense, también conocida como banda sinaloense, con antecedentes en el siglo XIX que a mediados de los años veinte resurgió en un formato más moderno en la zona rural de Sinaloa.
Entre los pueblos y comunidades agrícolas, este estilo fue llamado durante décadas simplemente Música de Viento, debido al papel dominante de instrumentos como trompetas, clarinetes y tubas.
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El repertorio tradicional de la banda revela una fuerte herencia europea: huapangos, corridos, polkas, valses, mazurcas y chotises se integraron con naturalidad a la sensibilidad del sinaloense. La geografía del estado, sumada a la dificultad histórica para conectarse con el resto del país, permitió que estos ritmos europeos perduraran y se moldearan a un estilo propio.
A lo largo del tiempo, la Banda Sinaloense desarrolló acentos regionales muy marcados, en las zonas de Évora y Culiacán, el fraseo es más ligero y matizado, cercano a las bandas de viento alemanas y francesas. En contraste, las agrupaciones de Mazatlán presentan un estilo más firme, con influencias notorias del sonido bávaro.
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Las comunidades que han marcado este legado musical incluyen: Mocorito, Guamúchil, Badiraguato, Guasave, Culiacán, Elota, San Ignacio, El Recodo, El Limón, Mesillas y Mazatlán. Todas ellas han contribuido a que la Banda Sinaloense trascienda fronteras y se convierta en un símbolo cultural de México y de sus raíces norteñas.