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El Año Nuevo es un momento cargado de simbolismo en la cultura mexicana. Más allá de la celebración, representa la oportunidad de renovar deseos y atraer prosperidad, salud y bienestar. Entre los rituales más arraigados destaca el uso de las lentejas, una tradición que conecta la vida cotidiana con creencias ancestrales sobre la abundancia.
Esta leguminosa ha sido asociada históricamente con la prosperidad económica y la estabilidad material, en gran parte por su forma redonda, que recuerda a las monedas, y por su papel como alimento básico. Comer un plato de lentejas antes o durante la cena de Año Nuevo simboliza el anhelo de que no falte el sustento y de que el trabajo y el dinero fluyan a lo largo del nuevo ciclo.
En los últimos años, el ritual ha evolucionado. Además de ingerirlas, muchas personas se arrojan un puñado de lentejas sobre el cuerpo o las esparcen en distintos rincones del hogar, especialmente donde se resguardan bienes materiales. Este acto se acompaña de deseos u oraciones que buscan protección, fertilidad y crecimiento.
Más allá de la superstición, el uso de las lentejas refleja cómo la producción agroalimentaria también construye identidad cultural: un alimento sencillo se transforma en símbolo de esperanza, unión familiar y confianza en un año próspero.