Foto: EFE
Donald Trump ha reavivado el debate sobre una posible salida de su país de la OTAN, al asegurar que considera “seriamente” abandonar la alianza, a la que calificó como un “tigre de papel”.
La postura del mandatario responde, en parte, a su frustración por la falta de apoyo del bloque en la guerra con Irán y la crisis en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, su salida no depende únicamente de una decisión presidencial.
El Tratado del Atlántico Norte permite a cualquier país retirarse con un aviso previo de un año, pero en el caso estadounidense existe un obstáculo clave: una ley aprobada en 2023 exige la autorización del Congreso o una mayoría calificada en el Senado para abandonar la alianza.
Esto limita significativamente la capacidad de Trump para ejecutar una retirada unilateral. En caso de intentar hacerlo sin aprobación legislativa, el conflicto podría escalar hasta el Tribunal Supremo.
Las consecuencias serían profundas. Para Estados Unidos, implicaría perder acceso estratégico a bases militares en Europa y debilitar su posición frente a potencias como China y Rusia. Para la OTAN, significaría un golpe estructural, ya que perdería a su principal financiador y potencia militar.
Pese a las tensiones, expertos consideran que una salida sigue siendo políticamente compleja y poco probable en el corto plazo.
EFE