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Europa atraviesa una de las olas de calor más intensas de los últimos años, con temperaturas récord que avanzan hacia el este del continente y afectan a cerca de 100 millones de personas. El fenómeno ha puesto bajo presión a las redes eléctricas, provocado cortes de energía y encendido las alertas sanitarias en varios países.
De acuerdo con cálculos de medios internacionales, al menos 94 millones de habitantes experimentaron este miércoles temperaturas superiores a los 35 grados Celsius, principalmente en Francia y España, aunque el calor extremo también golpea al Reino Unido, Italia y otras naciones europeas.
En el Reino Unido se activó la alerta roja por calor extremo, una medida que solo se ha aplicado en dos ocasiones desde 2021. Además, el país registró un nuevo récord de temperatura para junio al alcanzar los 35.7 grados Celsius, según la Oficina Meteorológica británica (UK Met Office).
Francia vive una situación especialmente crítica. El organismo Météo-France informó que el miércoles fue la jornada más calurosa registrada en el país desde que comenzaron las mediciones en 1947, con una temperatura media nacional de 30 grados Celsius. Más de la mitad de los departamentos franceses han superado los 40 grados desde el inicio de la actual ola de calor, el pasado 17 de junio.
Las altas temperaturas también han provocado consecuencias directas en la infraestructura. Algunas centrales nucleares francesas han reducido su actividad debido al calor, mientras que más de 68 mil hogares quedaron temporalmente sin electricidad por fallas relacionadas con las elevadas temperaturas.
España tampoco escapa a la emergencia climática, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) informó que tanto el lunes como el martes se registraron las temperaturas medias más altas para un mes de junio desde 1950.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que las olas de calor extremas representan un riesgo creciente para la salud pública. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que el aumento de las temperaturas en Europa ocurre a un ritmo aproximadamente dos veces superior al promedio mundial, lo que incrementa la frecuencia e intensidad de estos fenómenos.
Además de los riesgos sanitarios, el calor extremo ha alterado la vida cotidiana: Francia aplazó exámenes finales de secundaria, mientras que en Reino Unido algunas escuelas flexibilizaron sus normas de uniforme; en ciudades como Roma, repartidores y trabajadores al aire libre continúan sus actividades pese a las condiciones extremas.
La demanda de sistemas de enfriamiento también se ha disparado. Cadenas comerciales reportaron ventas récord de aparatos de aire acondicionado, mientras expertos advierten que el aumento en el consumo eléctrico podría generar nuevas sobrecargas en las redes energéticas.
La actual ola de calor vuelve a colocar en el centro del debate la adaptación de las ciudades europeas al cambio climático y la necesidad de fortalecer la infraestructura para enfrentar fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.