Foto: EFE
El reverendo Jesse Jackson falleció este martes a los 84 años, dejando un legado clave en la historia política de Estados Unidos. Aunque no logró convertirse en el heredero indiscutible de Martin Luther King Jr. tras su asesinato en 1968, sí abrió el camino para que décadas después Barack Obama alcanzara la Casa Blanca como el primer presidente negro del país.
De Jackson a Obama
Jackson fue el primer afroamericano con opciones reales en unas primarias presidenciales demócratas, en 1984 y 1988. Sus campañas movilizaron masivamente al electorado negro y transformaron el Partido Demócrata, sentando las bases de la victoria de Obama en 2008 frente a Hillary Clinton.
Fundador de Operation PUSH —más tarde Rainbow PUSH— tras su salida de la Southern Christian Leadership Conference en 1971, defendió una coalición multirracial contra el racismo y la pobreza que inspiraría movimientos posteriores.
Una vida controvertida
Nacido en 1941 en Greenville (Carolina del Sur), Jackson fue una figura influyente y también polémica. Se le reprochó protagonismo tras el asesinato de King y enfrentó acusaciones de antisemitismo en 1984, por las que pidió disculpas. En 2001 reconoció una hija fuera del matrimonio, lo que afectó su imagen pública.
En el plano internacional, combatió el apartheid en Sudáfrica y apoyó la causa palestina, llegando a reunirse con Yasser Arafat. También negoció la liberación de estadounidenses detenidos en el extranjero.
Su lema “Keep Hope Alive”, pronunciado en la convención demócrata de 1988, consolidó su lugar en la historia política del país.
EFE