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Islandia reanudó la caza comercial de ballenas tras dos años de haber sido suspendida, generando controversia entre defensores de los animales, autoridades y la industria pesquera.
Junto con Noruega y Japón, Islandia es uno de los tres países del mundo que aún permiten la caza de estos cetáceos. La reanudación de la temporada ocurre después de que en 2024 las restricciones gubernamentales y la falta de rentabilidad impidieran el inicio de las operaciones.
Uno de los barcos balleneros, el Hvalur 9, abandonó el puerto de Reikiavik pese a la protesta de un activista que se subió al mástil de la embarcación para intentar frenar su salida. La acción recordó manifestaciones similares realizadas en años anteriores por grupos ambientalistas opuestos a esta práctica.
Las organizaciones defensoras de los animales han convocado nuevas protestas para exigir el fin definitivo de la caza comercial de ballenas, una actividad que consideran incompatible con los esfuerzos internacionales de conservación de especies marinas.
Por su parte, el Instituto de Investigación Marina de Islandia recomendó reducir las cuotas de captura para 2026, limitando la caza a un máximo de 150 ejemplares de rorcual común y 168 ballenas minke, debido a la disminución observada en sus poblaciones.
Mientras tanto, el Gobierno islandés mantiene abierto el debate sobre el futuro de esta industria. La ministra de Industria y Comercio, Hanna Katrín Friðriksson, adelantó que presentará una iniciativa legislativa para prohibir de forma definitiva la caza comercial de ballenas en el país.