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Las autoridades de Japón elevaron este sábado a 36 el número de personas fallecidas tras el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el suroeste del país, mientras los esfuerzos se concentran ahora en atender a miles de desplazados y restablecer los servicios básicos.
De acuerdo con el último balance de la prefectura de Kumamoto, además de las víctimas mortales, cientos de personas resultaron heridas y alrededor de 9 mil permanecen en centros de evacuación, donde las altas temperaturas representan un desafío adicional para las labores de asistencia.
El gobernador de Kumamoto, Takashi Kimura, informó que la prioridad de las autoridades es instalar equipos portátiles de aire acondicionado en los refugios temporales y acelerar el restablecimiento del suministro de agua potable y electricidad.
Por su parte, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció que las operaciones de búsqueda y rescate concluyeron luego de que la Policía y los cuerpos de Bomberos finalizaran la localización de personas atrapadas entre los escombros.
El sismo ocurrió el pasado martes con epicentro en la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu, y alcanzó el nivel máximo de la escala sísmica japonesa en varias zonas, provocando graves daños en viviendas, carreteras e infraestructura.
Uno de los incidentes más graves ocurrió en un centro comercial operado por Aeon Mall, en la localidad de Kashima, donde una presunta fuga de gas provocó una explosión que ocasionó el colapso de la segunda planta del edificio y dejó siete personas fallecidas.
Las autoridades continúan evaluando los daños materiales mientras miles de habitantes permanecen fuera de sus hogares.
Japón se encuentra sobre el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica del mundo. Debido a esta condición geológica, el país registra terremotos con frecuencia y cuenta con estrictas normas de construcción para reducir los daños ocasionados por los movimientos telúricos.