Imagen vía web IMER
En el corazón de Dolores Hidalgo, Guanajuato, nace el 19 de enero de 1926 el mayor exponente de la música ranchera en México, José Alfredo Jiménez, quien a un centenario de su natalicio es recordado por sus letras y habilidad para componer.
Conocido por canciones como Tú y las nubes, Paloma querida, Un mundo raro, El Rey, Cuando sale la luna, entre otras, el Rey de la Canción Ranchera vivió en su natal Dolores hasta 1936, que tras la muerte de su padre llegó a la Ciudad de México junto su tía Refugio Sandoval, trabajando como mesero hasta que se abrió paso al escenario.
Desde niño mostró su vocación por la música: parodiaba canciones de moda, escribía versos para sus mascotas y en fiestas públicas solía vestirse de charro. En 1948 cantó por primera vez en la XEX y más tarde en la XEW, acompañado por el trío Los Rebeldes, iniciando una carrera que cambiaría para siempre la música popular mexicana.
Un compositor sin academia, pero con alma de pueblo
Sin formación musical ni dominio de instrumentos, José Alfredo componía “de silbidito”, y los músicos se encargaban de llevar sus melodías al pentagrama. Su primer gran éxito llegó el 22 de febrero de 1950, cuando Andrés Huesca y sus Costeños grabaron Yo para RCA Víctor, canción que lo catapultó a la radio y al gusto popular.
A lo largo de su carrera grabó más de 30 álbumes y escribió más de 400 canciones, triunfando en la radio, los discos, el teatro, el cine y la televisión. En 1951 debutó como actor en Ahí viene Martín Corona, al lado de Pedro Infante.
Muchas de sus composiciones nacieron de experiencias reales: El jinete surgió tras observar un caballo en el Desierto de los Leones; El Caballo Blanco narra las peripecias de una gira por el norte del país en su Chrysler Imperial 1957, que sufrió incontables descomposturas.
José Alfredo Jiménez murió el 23 de noviembre de 1973, a los 47 años, en la Ciudad de México, víctima de una enfermedad hepática. Conforme a su voluntad, sus restos descansan en Dolores Hidalgo, la tierra que lo vio nacer.
A cien años de su nacimiento, su obra sigue sonando como una memoria viva de México, dentro y fuera del país, acompañando brindis, despedidas y nostalgias porque sigue siendo el Rey.