Foto: Sitio web Gobierno de México
La capirotada es uno de los platillos más representativos de la Semana Santa en México. Preparada con pan, piloncillo, canela, clavo y queso, su sabor combina lo dulce con lo salado, creando una experiencia única que ha pasado de generación en generación.
Un origen europeo con evolución mexicana
Aunque hoy es un símbolo de la cocina mexicana, su origen se remonta a Europa. En la Antigua Roma existía un platillo similar llamado Sala Cattabia, documentado por Marco Gavio Apicio. Posteriormente, recetas como el “Almondrote” de Roberto de Nola en el siglo XV mantuvieron la tradición con ingredientes salados.
Con la llegada a la Nueva España, la receta evolucionó hacia una versión más cercana a la actual, especialmente gracias a adaptaciones como la “sopa de capirotada” del cocinero Francisco Martínez Montiño. Para el siglo XVIII, ya existía una variante sin carne, considerada platillo de vigilia.
Simbolismo y legado cultural
Más allá de su sabor, la capirotada tiene un profundo significado religioso. Sus ingredientes representan elementos de la pasión de Cristo, lo que explica su consumo durante la Cuaresma.
Hoy en día, este postre sigue vigente en estados como Jalisco, Sonora o Nuevo León, con recetas que varían según la región, pero conservan su esencia: capas de historia, fe y tradición.
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