Imagen vía Facebook Mikie Sherrill
La cuenta regresiva para la justa veraniega ya genera tensiones en Estados Unidos. A solo dos meses del arranque de los partidos, el estadio de Nueva Jersey se encuentra en el centro de la controversia por los altos costos de transporte que deberán enfrentar los aficionados.
La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, ha lanzado duras críticas contra la máxima autoridad de futbol, señalando que el organismo debería asumir los gastos de movilidad en lugar de trasladarlos a los residentes.
“Está ganando 11 mil millones de dólares con este torneo de futbol. La autoridad del torneo debería pagar los viajes”, afirmó la mandataria, quien advirtió que no permitirá que los habitantes del estado “carguen con esa factura”.
Uno de los principales focos de indignación es el precio del transporte público. El viaje en tren entre Penn Station y el estadio pasará de costar 12.90 dólares a al menos 100 dólares por viaje redondo, una cifra que ha provocado molestia entre aficionados y residentes.
El aumento responde a la necesidad de movilizar hasta cuatro veces más pasajeros de lo habitual, con un costo operativo estimado en 48 millones de dólares.
Acceso limitado y experiencia más costosa
Las restricciones logísticas también han generado críticas. Durante los partidos:
- No se permitirá estacionarse en el estadio, salvo en modalidad “premium”.
- Los lugares de estacionamiento en zonas cercanas, como el American Dream Mall, superarán los 200 dólares.
- No será posible llegar caminando al recinto.
- El acceso dependerá exclusivamente de transporte público, autobuses o servicios compartidos.
Estas condiciones, según los residentes, limitan la accesibilidad y encarecen significativamente la experiencia.
Organismo de futbol responde, pero no convence
Ante las acusaciones, el máximo organismo del futbol defendió su postura argumentando que los acuerdos originales no contemplaban financiar el transporte, y que estos fueron ajustados en 2023 por presiones económicas en las ciudades sede.
Sin embargo, las explicaciones no han calmado el malestar social. Habitantes de la zona consideran que, ante las ganancias millonarias del torneo, el organismo debería contribuir más a la infraestructura.
A las críticas se sumó la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, quien calificó el precio del tren como “excesivamente caro” y aseguró que ese modelo no se replicará en el sistema de transporte neoyorquino. Además, se prevén complicaciones adicionales, como el cierre parcial de la estación Penn horas antes de cada partido, lo que podría dificultar aún más la movilidad.
El conflicto evidencia el reto de organizar un evento global sin afectar a las comunidades anfitrionas. Mientras se esperan definiciones oficiales sobre tarifas y logística, la presión política y social continúa creciendo, con el riesgo de que asistir al Mundial se convierta en un lujo para muchos aficionados.