Imagen vía Facebook Olivia Yacé
Olivia Yacé, representante de Costa de Marfil en el certamen, sacudió el mundo de los certámenes de belleza tras anunciar que dejaba su título como Miss África y Oceanía, un cargo que había obtenido como parte de la selección de reinas continentales, días después de que la mexicana Fátima Bosch fuera coronada Miss Universo 2025.
A través de un comunicado publicado en inglés y francés, la marfileña explicó que su decisión no fue impulsiva, sino resultado de una reflexión profunda sobre sus valores y su visión de futuro. Señaló que, aunque el título era importante, no representaba el tipo de reconocimiento que buscaba para seguir creciendo.
“Debo permanecer anclada en mis valores: respeto, dignidad, excelencia y oportunidad equitativa”, escribió. Para Yacé, asumir un título que percibía como “disminuido” iba contra su compromiso de inspirar a niñas y mujeres, especialmente dentro de las comunidades negras, afrodescendientes, caribeñas y americanas.
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La renuncia también marcó su ruptura total con la Organización Miss Universo, al considerar que debía cerrar esa etapa para avanzar sin compromisos que chocaran con su identidad. Su decisión estalló en un contexto tenso: la edición 2025 del certamen se vio envuelta en sospechas mediáticas de manipulación a favor de la ganadora, lo que colocó a Yacé en una posición incómoda tras recibir un título que muchos interpretaron como un “premio de consolación”.
La Organización Miss Universo no ha anunciado quién reemplazará a Yacé como Miss África y Oceanía. El comunicado de Miss Costa de Marfil confirmó que devolverá el título, aunque aún no está claro si esto implica un distanciamiento definitivo del certamen o si se trata de un protocolo habitual.
Por ahora, el continente queda sin representante, mientras que las demás reinas continentales, China por Asia, Malta por Europa y Venezuela por América, continúan en funciones. Más allá del vacío dejado, la decisión de Olivia Yacé ha sido vista como un acto de autenticidad y coherencia: una muestra de que, incluso en el brillo de los concursos, mantenerse fiel a los valores propios puede ser el mayor gesto de fuerza.