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Después de las recientes declaraciones de JD Vance sobre “estar listo para asumir la presidencia en caso de una tragedia” en redes se dispararon los rumores de la muerte del mandatario estadounidense Donald Trump.
La Constitución de Estados Unidos contempla mecanismos claros para garantizar la continuidad del poder en caso de que el presidente no pueda ejercer sus funciones, ya sea por enfermedad, incapacidad, renuncia, muerte o destitución.
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La clave está en la 25ª Enmienda, ratificada en 1967, que establece que:
- Si el presidente muere, renuncia o es destituido, el vicepresidente asume la presidencia.
- Si el presidente admite por escrito no poder ejercer, transfiere el poder temporalmente al vicepresidente.
- Si no lo admite, el vicepresidente y la mayoría del gabinete pueden declararlo incapacitado ante el Congreso.
- El presidente puede recuperar sus facultades notificando al Congreso, salvo que el vicepresidente y el gabinete lo impugnen, en cuyo caso el Congreso decide.
Este procedimiento asegura que el país no quede paralizado en situaciones críticas.
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El juicio político (impeachment)
Aparte de la 25ª Enmienda, existe el juicio político, que no depende de la salud del mandatario sino de conductas indebidas. La Cámara de Representantes puede acusarlo por traición, soborno u otros delitos graves, y el Senado decide su destitución con dos tercios de los votos.
Si el presidente no puede seguir en el cargo, la sucesión es:
- Vicepresidente
- Presidente de la Cámara de Representantes
- Presidente pro tempore del Senado
- Secretario de Estado
- Secretario del Tesoro
… y así sucesivamente con los jefes de los departamentos federales, según el orden de creación.