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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a recular en su estrategia hacia Irán y anunció un alto el fuego temporal de dos semanas apenas hora y media antes de que venciera el ultimátum que él mismo había fijado para lanzar un ataque de gran escala.
A las 18:32 horas de Washington, el mandatario ofreció una pausa en las hostilidades condicionada a que Teherán permita la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, una vía clave por donde transita una parte significativa del petróleo mundial. La propuesta, según fuentes oficiales, incluye también a Israel.
Por su parte, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán confirmó su disposición a aceptar el alto el fuego y anunció que iniciará negociaciones con Estados Unidos en Islamabad a partir del viernes, aunque advirtió que esto “no significa el fin de la guerra”.
“Si el enemigo comete el más mínimo error, será respondido con toda la fuerza”, señalaron las autoridades iraníes, dejando claro que la tensión permanece latente.
La decisión de Trump llegó tras contactos con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y el jefe del Ejército, Asim Munir, quienes habrían solicitado frenar el ataque inminente. La mediación pakistaní ha sido clave en las últimas horas para abrir una ventana diplomática en medio del conflicto.
En su mensaje, Trump aseguró que la pausa responde a que Estados Unidos ya ha cumplido “todos los objetivos militares” y que existe un avance significativo hacia un acuerdo de paz con Irán. Incluso reveló que Teherán presentó una propuesta de 10 puntos que considera una base viable para negociar.
Sin embargo, el anuncio refleja un patrón recurrente en la estrategia del mandatario: amenazas contundentes seguidas de rectificaciones o prórrogas. En las últimas semanas, Trump ha elevado la presión con advertencias de ataques devastadores, para luego suavizar su postura apelando a negociaciones en curso.
Mientras tanto, Irán busca consolidar su posición en torno al control del paso marítimo, proponiendo un sistema de “paso regulado” bajo supervisión de sus fuerzas armadas, lo que le otorgaría una ventaja geopolítica clave. A cambio, plantea el levantamiento total de sanciones.
La presión interna en Washington también ha ido en aumento. Sectores políticos y parte de su base han criticado duramente su manejo del conflicto, mientras reportes de medios como The New York Times apuntan a la influencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la decisión inicial de escalar la ofensiva.
Por ahora, la tregua abre un margen limitado para la diplomacia, en un conflicto donde cualquier error podría reactivar una escalada de consecuencias imprevisibles.