Imagen: NASA / Storyblocks
Aunque durante décadas Ceres fue considerado el mayor asteroide del Sistema Solar, esa distinción cambió en 2006 cuando fue reclasificado como planeta enano. Desde entonces, Vesta se convirtió en el asteroide más grande de su categoría, con un diámetro cercano a los 530 kilómetros y casi el 9 % de la masa total del cinturón principal de asteroides, ubicado entre Marte y Júpiter.
Su importancia científica llevó a la NASA a enviar la sonda Dawn, que lo estudió entre 2011 y 2012.
Un interior parecido al de la Tierra
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue descubrir que Vesta posee una estructura interna muy similar a la de los planetas rocosos. Los científicos confirmaron que cuenta con corteza, manto y núcleo, una característica poco común entre los asteroides.
Esto indica que, hace más de 4 mil 500 millones de años, el calor generado por materiales radiactivos fundió su interior y permitió la separación de sus capas, por lo que estuvo muy cerca de convertirse en un planeta.
Impactos que marcaron su historia
La misión Dawn también reveló enormes cicatrices provocadas por colisiones espaciales. Destaca el cráter Rheasilvia, de unos 500 kilómetros de diámetro, que ocupa casi toda la superficie del asteroide y alberga una montaña de aproximadamente 20 kilómetros de altura, una de las más grandes del Sistema Solar.
Un fósil del Sistema Solar
Los investigadores consideran a Vesta un auténtico «fósil» del Sistema Solar primitivo. Además, se cree que es el origen de varios meteoritos encontrados en la Tierra, como las howarditas, eucritas y diogenitas, cuya composición ayuda a reconstruir cómo se formaron los primeros planetas rocosos y a comprender algunos de los eventos más antiguos de la historia de nuestro vecindario cósmico.
Recuperado de NASA / Nationat Geographic