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Australia vive momentos de profunda conmoción tras el atentado perpetrado el domingo en la playa de Bondi, en el este de Sídney, contra la comunidad judía. El ataque dejó 16 personas fallecidas —incluido uno de los agresores— y decenas de heridos, en lo que ya ha sido calificado como el tiroteo más mortífero en el país en casi 30 años. Las autoridades mantienen la zona acordonada mientras continúan las investigaciones para descartar nuevas amenazas.
El tiroteo durante una celebración religiosa
Los hechos ocurrieron alrededor de las 18:40 hora local, cuando dos hombres armados con rifles abrieron fuego contra unas mil personas reunidas en el parque Archer para celebrar el inicio de Janucá. La policía acudió de inmediato y se produjo un intercambio de disparos en el que resultaron heridos dos agentes. Catorce personas murieron en el lugar y otras dos fallecieron posteriormente en hospitales.
Padre e hijo, principales sospechosos
La policía identificó a los atacantes como Sajid Akran, de 50 años, y su hijo Naveed Akram, de 24. El padre murió abatido por agentes, mientras que el hijo permanece hospitalizado bajo custodia. Las autoridades confirmaron que Sajid tenía licencia legal de armas y que el caso se investiga formalmente como terrorismo.
Investigación, reacciones y duelo
El primer ministro Anthony Albanese calificó el ataque como un “acto de terrorismo y antisemitismo” y prometió reforzar la seguridad. Líderes musulmanes condenaron la violencia, mientras la comunidad recuerda a las víctimas en una Bondi inusualmente silenciosa, cubierta de flores y velas. El atentado reabre el debate nacional sobre extremismo, antisemitismo y control de armas en Australia.
EFE