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En plena temporada de calor, Jalisco se llena de color con uno de sus frutos más representativos: la pitaya y la pitahaya. Aunque muchos las confunden, no son exactamente lo mismo… y por ello te contamos por qué.
Ambas son consideradas frutas exóticas y provienen de plantas tipo cactus que, además de su atractivo visual con flores llamativas y aromas intensos, destacan por su aporte de vitaminas y minerales, ideales para refrescarse en días de altas temperaturas.
Pero entonces, ¿qué las hace diferentes? La clave está en su forma, textura y sabor.
La pitahaya, también conocida como “fruta del dragón”, crece en un cactus sin espinas visibles. Sus flores son blancas, fragantes y tienen una particularidad: solo florecen una noche; su fruto suele ser ovalado o alargado, con una pulpa, que puede ser blanca, roja o amarilla, llena de pequeñas semillas negras, es de sabor suave y ligeramente dulce.
Por otro lado, la pitaya es más pequeña y redonda, y sí está cubierta de espinas. Su pulpa puede variar entre blanco, rojo, amarillo o tonos más intensos como morado o rojo-violeta, también con semillas negras, pero con una diferencia clave: su sabor es mucho más dulce e intenso.
Así que no, no son lo mismo… aunque ambas forman parte del sabor del verano mexicano y, especialmente, del paisaje jalisciense.