Imagen vía cortesía Ballet Folclórico UNIVA
Pasos marcados, movimientos fluidos e historias coreografiadas: la danza es el arte que utiliza el cuerpo para expresarse cuando el sentimiento y la música desbordan los sentidos y en México, la danza folclórica se consolidó como una forma de vivir y transmitir la identidad cultural del país.
El ballet folclórico tiene raíces en las civilizaciones prehispánicas y la fusión entre las culturas indígenas y las influencias europeas tras la colonización. Este encuentro dio origen a una riqueza dancística única, en la que cada región desarrolló su propio repertorio de bailes, reflejando su historia, costumbres y entorno.
Caracterizada por sus trajes coloridos, el zapateado enérgico y la música regional, la danza folclórica mexicana es un símbolo vivo de identidad. Bailes como el Jarabe Tapatío, la Danza del Venado y los Sones Jarochos son pilares fundamentales que representan la diversidad cultural del país.

Uno de los grandes impulsores de esta expresión artística a nivel mundial fue el Ballet Folklórico de México, dirigido por Amalia Hernández, que, bajo su liderazgo, la danza folclórica trascendió fronteras, convirtiéndose en un emblema internacional de México.
Las coreografías de Hernández se distinguieron por su profundo estudio de las tradiciones regionales, logrando capturar la esencia de cada rincón del país. Sus montajes escénicos integran desde rituales prehispánicos hasta celebraciones de la época colonial y contemporánea, narrando historias que reflejan la riqueza cultural mexicana.
Con movimientos enérgicos, pasos sincronizados y una carga emocional vibrante, la danza folclórica no solo entretiene: transmite historia, identidad y el espíritu de un pueblo que sigue latiendo al ritmo de su música.